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Verme una persona bendecida

hace 2 días
2 min de lectura

¿Puedo o tengo que?


Primer volumen de Goethe’s Meisterwerke, una edición ilustrada de 1910 con retrato de Johann Wolfgang von Goethe. El ejemplar perteneció a mi abuelo y conserva las huellas de su historia.

A veces abrimos El Poder del Agradecimiento y compartimos contigo algunas de sus frases. Esta semana hemos llegado a la Semana 04, en la que el autor, Alfred R. Stielau-Pallas, quiere aclarar una duda que probablemente todos conocemos.


¿Gratitud? Suena estupendo. Me encanta.


Pero después… dejo el libro, dejo la práctica, dejo de agradecer.


En nuestro día a día, casi todo nos parece normal. Natural. A veces monótono, a veces agotador, a veces maravilloso. Nos levantamos, hacemos nuestras cosas, hablamos con alguien, comemos, caminamos, respiramos, volvemos a casa.


Y no pensamos demasiado en ello.


Hasta que pasa algo.


Entonces, de repente, salimos de nuestra película y nos damos cuenta de que nada es tan normal como parecía. Y mucho de lo que dábamos por hecho era, en realidad, un regalo.


Mirando atrás, puede resultar asombroso no habernos dado cuenta de todo lo bueno que ya estaba ahí: nuestra salud, las personas que nos rodean, los pequeños detalles, un día tranquilo, tantas razones por las que vivir y agradecer.


A veces, incluso una desgracia parece convertirse en un recordatorio:

¡Agradece! ¡Estate presente! ¡Abre los ojos!


Pallas incluye en su carta del lunes una frase que parece salir de lo más profundo del corazón (página 101):


«Querido Dios, ¡permíteme estar agradecido por cada día ordinario para que no tenga que recordar por alguna desgracia que olvidé reconocer en amorosa y humilde gratitud que soy una persona bendecida!».

Soy una persona bendecida.


¿Cuándo fue la última vez que lo pensaste?


Y entonces Pallas da un paso más.


Habla de otro fenómeno bastante universal: cuando no estamos dispuestos a actuar, a ser flexibles, a abrirnos a la vida, cuando aplazamos una y otra vez aquello que sabemos que tenemos que hacer, durante un tiempo puede que no pase absolutamente nada.


Todo sigue funcionando.

Hasta que deja de hacerlo.


No contar los puntos al hacer crochet es mucho más divertido y fácil… hasta que el patrón no cuadra y tenemos que deshacerlo todo para empezar de nuevo.


No ordenar los documentos nos libra de una tarea aburridísima y nos deja más tiempo para nuestros amigos… hasta que llega el momento de hacer la declaración de la renta y, zas, pasamos horas buscándolos.


Podemos elegir muchas cosas antes de que las circunstancias elijan por nosotros.


Y quizá con la gratitud ocurra algo parecido.


Podemos esperar a perder algo para descubrir cuánto significaba.

O podemos mirarlo hoy.

Sin desgracia.

Sin presión.

Sin que la vida tenga que recordárnoslo.


Simplemente detenernos un instante y reconocer:


Sí. Hay mucho que no controlo. Hay cosas que me cuestan. Hay días que no son maravillosos. Y aun así, puedo verme como una persona bendecida.


Quizá esa sea una de las formas más sencillas de entender la propuesta de Pallas:


¿Puedo o tengo que?

Elige tú.




Este texto forma parte de El poder del agradecimiento, un proyecto alrededor del libro de Alfred R. Stielau-Pallas.





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