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¿Exagerar? Por supuesto.

27 jun
1 min de lectura

Actualizado: 17 jul

Cuanto más, mejor.



Foto @cubaandotherstories


En general, exagerar no suele ser una buena idea. Como casi todo lo que se lleva al exceso.


Pero existe una excepción.


La gratitud.


Aquí exagerar no solo está permitido. Es profundamente beneficioso.


Me gustaría compartir contigo dos razones.



1. La gratitud eleva nuestra vibración.


Para que no se quede en una idea abstracta, hagamos un pequeño ejercicio.


Sí, ahora mismo.


Siéntate cómodamente. Respira tres veces, muy despacio. Lleva tu atención hacia el interior y comienza simplemente a dar las gracias.


Gracias por este momento.

Gracias por el almuerzo.

Gracias por el sol.

Gracias por poder leer estas palabras.

Gracias por los pájaros que cantan.

Gracias por el aire que entra en mis pulmones.


No tengas prisa. Da las gracias con toda la intensidad que puedas.


Y continúa.

Más.

Y un poco más.


Llega un momento maravilloso en el que ya no importa por qué das las gracias. La razón desaparece. Solo queda el agradecimiento.


Solo queda esa sensación de unión con todo, de paz, de silencio, de plenitud.


Cuanto más exageras, más fácil resulta entrar en ese estado.



2. El poder del agradecimiento aparece cada vez que decimos, pensamos y, sobre todo, sentimos una sola palabra: "Gracias".


Es como un mantra.

Puede repetirse infinitas veces.

Cuanta más presencia y más emoción pongamos en él, mayor es su fuerza.


Gracias.

Gracias.

Gracias.


Poco a poco la mente pierde intensidad.

La ansiedad afloja su abrazo.

Y el amor empieza a ocupar su lugar.


Así que sí.

Exageremos.

Hasta que cada respiración lleve dentro un pequeño "gracias".


Y cuando lo pruebes...

Cuéntame qué ocurre.


Te escucho.

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